La contrarrevolución

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La contrarrevolución

Saif Gadafi proclama que la revuelta libia estará acabada en 48 horas y esta vez no parece una fanfarronada. Las líneas de defensa de la oposición se han desmoronado en los últimos dos días. El relato del periodista de The Times en Ajdabiya es revelador. Los rebeldes sostenían el martes por la mañana que aún había combates en Brega, a 80 kilómetros al oeste. Se fue a comer al centro de la ciudad pensando que nada importante estaba pasando y al terminar se vio sorprendido por una larga fila de vehículos que huía en dirección contraria. Las defensas, si se les puede llamar así, se habían desmoronado en cuestión de minutos. Las fuerzas de Gadafi ya estaban a las puertas de la ciudad.

El periodista destaca que en tres semanas en Ajdabiya no se habían cavado trincheras ni zanjas para impedir el paso de los blindados. Los rebeldes siempre miraron hacia delante pensando que en pocos días estarían rodeando Trípoli y ni se habían molestado en proteger sus posiciones.

Se da por hecho que Ajdabiya está controlada por el Gobierno pero a esta hora algunas informaciones cuentan que aún hay combates. Eso es compatible con que se haya visto a fuerzas del Gobierno congregarse a la salida de Ajdabiya a la espera de recibir órdenes para emprender la marcha sobre Bengasi.

Una carretera comunica Ajdabiya con Tobruk, mucho más cerca de la frontera con Egipto. Eso permitiría a Gadafi rodear a los rebeldes de Bengasi y llevar a cabo un sitio que inevitablemente tendrá que ser sangriento. Una opción más inteligente sería ir directamente a Bengasi y dejar así abierta la puerta para que la desmoralización haga presa en los rebeldes y sus partidarios. Muchos preferirán huir hacia la frontera antes de arriesgarse a una muerte segura.

El Comité Internacional de la Cruz Roja ha retirado a su personal de Bengasi y lo ha enviado a Tobruk.

Para cuando el Consejo de Seguridad de la ONU pueda tomar una decisión, ya será demasiado tarde.

La fijación en la zona de exclusión aérea, que por sí sola no iba a impedir la victoria de Gadafi, ha sido un error, producto de la idea de que los rebeldes sólo necesitaban una pequeña ayuda en su empeño por acabar con el régimen. Hubiera sido más útil imponer una declaración de alto el fuego y reservarse el derecho de atacar a aquellos que la vulneraran. Quizá tampoco habría servido de mucho.

En Bahrein, el resultado será similar, aunque sin tanto derramamiento de sangre. El estado de emergencia y la entrada de tropas saudíes y de otros tres países del Golfo han cerrado la incógnita. La monarquía se olvida de las promesas de reformas y acata las órdenes de Riad. El régimen apuesta por la carta sectaria que consiste en acusar a la población chií de intentar desestabilizar el país. Ha habido seis muertos en los últimos dos días y la policía controla el acceso a los hospitales.

Aun siendo más pequeño que Libia, es posible que Bahrein tenga una repercusión más directa en Oriente Medio. Irán ha retirado a su embajador de Manama. Habrá movilizaciones en Irak y Líbano, donde la relación entre suníes y chiíes se basa en un equilibrio muy vulnerable. EEUU hará pública una protesta moderada, porque no puede prescindir de su base de la V Flota ni de sus relaciones con Arabia Saudí.

Esta vez, la oposición de Bahrein no contará con la ayuda de Al Jazeera. Según Al Arabiya, hay tropas de Qatar acompañando a las saudíes en Bahrein en cumplimiento de la decisión del Consejo de Cooperación de Golfo. Al Jazeera, en su canal en árabe, ha hecho una cobertura ínfima de Bahrein en los últimos días. Las monarquías del Golfo van a cerrar el paso a cualquier idea democrática. Como la Santa Alianza y el Congreso de Viena.
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