Técnicas Reunidas, los más listos de la clase

Publicado en por noticias-alternativas.redacción

Técnicas Reunidas, los más listos de la clase

Son ingenieros cualificados, van por libre, el mundo entero quiere que les diseñen y construyan sus refinerías, y no son americanos sino españoles a los que la crisis les da igual. ¿Cuál es su secreto? Educación, instinto y mucho más.

10 Junio 2011

POR RAFAEL PASCUAL

Cuando Saudí Aranco, la empresa de petróleos de Arabia Saudí, pone en marcha un concurso público para construir alguna refinería, nadie se lo pierde. Para el sector de los ingenieros trabajar con ellos es lo máximo. Y no sólo porque estemos ante contratos de muchos millones de dólares, sino porque esta empresa posee las mayores reservas de petróleo del mundo, y ganarse su confianza implica obtener más proyectos en el futuro.

Hasta hace poco, sólo gigantes de la ingeniería con infinitos recursos, como Fluor Corp (20.500 millones de dólares de facturación) o Bechtel (31.000 millones), podían acceder a este tipo de contratos, que implican la construcción de una gran refinería. Pero eso ha cambiado. Los intocables llevan cerca de ocho años perdiendo ante una pequeña empresa española llamada Técnicas Reunidas.

A pesar de que estamos ante un pigmeo que factura 2.771 millones de euros, la compañía de la familia Lladó se ha hecho con siete proyectos de Saudí Aranco en los últimos ocho años, dejando en evidencia a catedráticos de la ingeniería como americanos, japoneses y coreanos. Técnicas Reunidas ganó su primer contrato con los árabes en 2003. Era un proyecto medio de mejora de una refinería, valorado en 200 millones de euros. Para lograrlo, estuvieron un año trabajando para que les auditaran y les dejaran presentarse. Pero el esfuerzo mereció la pena, ya que tras esa primera victoria llegaron otras más importantes, como la ampliación de la refinería de Rabigh en 2006. Un proyecto valorado en 1.212 millones de euros, que supuso un antes y un después para la ingeniería española.

Gracias a este acuerdo, los números de la empresa han crecido de forma espectacular, empezando por los ingresos que se han multiplicado por cuatro en cinco años. En cuanto a los beneficios, han pasado de 42 millones de euros en 2005 a 136 en 2010. Además, la  empresa también se ha asegurado el futuro, con una cartera de pedidos de más de 5.700 millones de euros. Y todo eso se ha conseguido en una época de crisis en la que las empresas españolas sobreviven como buenamente pueden.

Pero es que esta ingeniería no es una empresa al uso. En un país donde los contratos temporales y precarios, el paro y la falta de formación están a la orden del día, destaca la presencia de esta rara avis capaz de tener una plantilla fija de ingenieros pata negra que, además, no tiene problemas para encontrar talento, ya que  todos quieren trabajar con ella.  “En 2000 éramos 1.000 empleados y no había extranjeros. Hoy somos cerca de 5.000 y tenemos venezolanos, ingleses, o americanos liderando proyectos”, explica Juan Lladó, consejero delegado de Técnicas Reunidas. “Esta empresa ya compite en la Champions League de la ingeniería. Lograr ese estatus implica actuar siempre de forma eficiente y en plazo”, añade Marcel Planellas de ESADE.

No le falta razón. Ser líderes en ingeniería con una empresa española no es tarea fácil. Estamos sin duda ante una hazaña que adquiere más valor todavía si se tiene en cuenta que en sus 60 años de vida, la empresa siempre ha estado en desventaja frente a sus competidores nacionales. “La España de los años 50, 60 y 70 tenía muchas carencias en infraestructuras. Estaba todo por construir. Por eso, las grandes ingenierías siempre estaban asociadas a un gran grupo constructor. Todas menos Técnicas Reunidas”, asegura José Luis González Vallvé, presidente de Tecniberia.

Caso único en España.
Tanto FCC como Ferrovial como Acciona, o energéticas como Iberdrola, cuentan con filiales de ingeniería, que se aprovechan de la fuerza de la matriz para hacerse con los mejores proyectos en España. En cambio, Técnicas Reunidas es una empresa familiar sin ningún gran nombre por detrás que sirva de respaldo.
Lejos de suponer un problema, los chicos de Técnicas Reunidas fueron los más listos de la clase convirtiendo el handicap de ir por libre en una ventaja competitiva. Primero, porque mientras los grandes rivales españoles se especializaban en obra civil, diseñando y construyendo autopistas y  aeropuertos, Técnicas Reunidas se quedó con lo que nadie quería hacer: la parte industrial, la energía y el petróleo. ¿Consecuencia? La empresa de los Lladó logró los proyectos para diseñar y construir las centrales nucleares, y las plantas petroquímicas de España. “Aprovechó su carácter independiente para especializarse”, añade Fernando Vizoso, gerente del área de infraestructuras de KPMG.

Además de eso, la empresa también se sirvió de su marcha en solitario para internacionalizarse antes que nadie.  “Las ingenierías que pertenecen a un grupo constructor o energético tienen una cartera compuesta por proyectos del propio grupo”, añade Vizoso. Esa dependencia originó que los rivales también dejaran el camino libre a la empresa de los Lladó a la hora de saltar al exterior. “Las grandes constructoras tenían trabajo en España y no querían salir fuera. Nos decían que Asia terminaba en las Baleares. En cambio, nosotros teníamos conocimientos en térmica y nuclear y, cuando ves que en España se caen los contratos, o sales fuera o te mueres de hambre”, explica Juan Lladó.

Y si hablamos de internacionalización, la de Técnicas Reunidas es de matrícula. “En los 80 cuando nadie hablaba de China, ellos ya estaban allí. También son de las primeras empresas contratistas en Oriente Medio. Son pioneros en muchas cosas”, asegura Fernando Ruiz, presidente de Deloitte. Cierto. Aunque el primer contrato internacional de la empresa data de 1968, firmado con YPF en Argentina, fue en los 80 cuando se produjo el gran salto, con una refinería en Indonesia y la adjudicación de la primera planta en China en 1988. Desde entonces, Técnicas Reunidas ha logrado la adjudicación de otros 14 contratos dentro del gigante rojo. “Todos estos proyectos ganados en el exterior son de la modalidad llave en mano [la ingeniería española se encarga de todo hasta la entrega final], que son ideales en mercados poco maduros”, explica González Vallvé. Esta estrategia ganadora ha provocado que en la actualidad, la empresa esté presente en más de 50 países y que España sólo suponga el 7% de la facturación. “Desde el principio se plantearon salir al exterior. Por eso  es una empresa a la que no le afectan los ciclos ni las crisis”, añade Joaquín Garralda del IE Business School. Aunque tampoco son superhéroes. De hecho, los datos del último ejercicio muestran una ligera caída de beneficios.

A pesa de eso, la ingeniería lleva años dando lecciones. La última data de 2000, cuando el Estado privatizó Initec. Se trataba de una ingeniería de 800 empleados, focalizada en obra pública. Además tenía experiencia en proyectos de upstream (extracción de crudo) y en gas. Las grandes constructoras no prestaron interés a Initec, ya que vivían el boom del ladrillo, pero Técnicas Reunidas no dejó pasar la oportunidad. Se trataba del complemento perfecto. “Nosotros éramos fuertes en downstream [refino y química] con lo que Initec nos encajaba en la estrategia”, resume Lladó. Tras esa compra, es fácil saber quién se encargó de diseñar las centrales de ciclo combinado que crecieron en España entre 2000 y 2005. Además, Initec permitió a TR lograr contratos petroleros como el desarrollo del campo Ourhoud (Argelia).

Una empresa hermética. 
Estamos ante unos adelantados a su tiempo. Una saga de empresarios capaces de vencer a los grandes y de convertir un pequeño negocio en una empresa del Ibex 35. A pesar de ello, los Lladó no sacan pecho. Muy al contrario,  ni el presidente y fundador, José Lladó, ni el resto de la familia suelen conceder entrevistas. Son tan herméticos que tampoco dan a conocer su responsabilidad social corporativa. Es más, Técnicas Reunidas es la única empresa del Ibex que no tiene ni memoria de sostenibilidad.

Pero eso no quiere decir que no hagan nada en ese campo, sólo que no lo cuentan. A los Lladó sólo les gusta hablar en los concursos públicos. Sus clientes son gobiernos o grandes empresas como Saudi Aramco, Galp, Cepsa, Qatar Petrolium, Repsol,  Total, Sonatrach, Shell o Suez. Todos ellos saben cómo son en realidad estos ingenieros, conscientes de que la notoriedad con el consumidor no es necesaria en su negociado. “No hacemos propaganda. Tenemos  50.000 metros de oficinas en Madrid y no hay ni un solo logo. A veces piensas en ponerlo, pero acabas pensando que es una cuestión de vanidad y no de necesidad”, concluye un Juan Lladó que, a pesar de su formación financiera, mantiene el gen de la discreción, tan extendido entre los ingenieros.

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